El mundo habla todo el tiempo. Es casi imposible conseguir un momento de silencio absoluto; todo está hablando siempre, las grandes ciudades son esa prima molesta que no se calla nunca, mostrándonos sus logros y su gran vanidad, con sus grandes rascacielos, monumentos y autos; un poco más en la periferia, nos encontramos con el campo, es ese sobrinito callado que habla poco hasta que se siente en confianza y te muestra su gran belleza, lo malo es que no toda la familia sabe apreciarlo y lo tratan mal por ser diferente, se pierden la belleza de sus verdes y sus azules, sus rojas y sus moradas flores, sus negros cielos nocturnos y su corazón calmo; si nos vamos todavía más allá del centro de la civilización, nos hablan los bosques, los desiertos, los páramos helados y las montañas, son nuestros abuelos, nuestros ancestros y antecesores con su gran sabiduría que, debido a su avanzada edad, no siempre tomamos en consideración como deberíamos, nos cuentan historias sobre su paz y sus épocas de juventud, sus rebeldías y sus experiencias, es increíble lo que se puede aprender escuchando a nuestro mayor ancestro en la Tierra.
El rumor de sus ríos y el tambaleo de las hojas componen las poderosas palabras que el mundo tiene para decirnos, pero en nuestro apuro por progresar no nos detenemos a escuchar lo que tienen que decir los que saben, porque aún somos jóvenes y no comprendemos la sabiduría. Así como tiene mucho que enseñar, el mundo también se queja y grita de dolor al ver como lo ignoramos, porque es sabio y fuerte, pero su espíritu duele cuando ve que sus nietos lo ignoran y pasan por alto sus emociones, la caída de un árbol con su rechinar y el estrépito del impacto contra el piso, el crepitar de los bosques en llamas y los animales gritando, el burbujeo del petróleo en el mar, la podredumbre de los animales marinos muertos en la orilla y sus otros mil gritos de ayuda que sólo piden un poco de consideración y atención.
Todos somos una gran familia que poblamos el planeta juntos, la naturaleza merece el mismo respeto que las grandes ciudades y las personas, no tenemos que maltratarla y olvidarla ya que si no fuera por ella, no estaríamos acá.
-Lauty
lunes, 29 de junio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
Mood
Hace mucho que no escribo, me estuvieron pasando muchas cosas, de cualquier modo la consistencia nunca fue lo mío. Después de varias semanas de llevar una actitud hacia la vida más relajada, sin tantos roces con la realidad, planteándome la metafísica del asunto de manera menos directa, me encontré a mi mismo más feliz, veía en la gente a mi alrededor la tristeza, el desespero y el stress y no lo entendía, traté de ayudarlos pero me ignoraban (nada raro, uno aprende a vivir en la oscuridad sin ningún problema cuando las luces de los reflectores nunca te apuntan y llega un momento que cuando te toca ser enfocado, lo evitas) y yo seguía con mi ánimo arriba. La última semana fue medio terrible, el piso se me sacudió desde varios frentes y si bien al principio mi resolución permanecía impoluta, los días venideros no fueron clementes y me quebré. Otra vez enojado, rencoroso y de mal humor. Hoy es el día del padre (felicidades a quienes son felices padres, hagan hijos felices que son los futuros padres) y mientras caminaba en silencio escuchando música hacia la parrilla donde celebramos dicha fecha me convencí a mi mismo de que no puedo dejar que el mundo condicione mi espiritualidad; la espiritualidad debe ser más fuerte que la realidad ya que ella es la que trasciende las barreras físicas y, al fin y al cabo, es la que marca el ritmo en nuestras mentes. Mi espiritualidad no es tan débil y la situación a mi alrededor está lejos de ser menos que apremiante, si me quiebro ahora, no tengo esperanza con lo que vendrá después, así que me levante y mi ánimo se levantó conmigo.
Que el ritmo de sus mentes sea armónico depende de su propia tranquilidad espiritual y vice versa.
Hay que apreciar la shamanística de las cosas.
-Lauty
Que el ritmo de sus mentes sea armónico depende de su propia tranquilidad espiritual y vice versa.
Hay que apreciar la shamanística de las cosas.
-Lauty
viernes, 1 de mayo de 2015
Eternal Punishment
Había una rata muerta en una esquina, pero ese no era el peor olor del lugar, ese era sólo un agregado del folclore mugriento del lugar. Vómito, sangre, barro y mierda por el piso y las paredes apestaban el lugar también. El hedor era insoportable. La peste se se sentía a años luz de distancia del lugar, y ahí estabamos. Una habitación con las paredes pintadas del rojo de la sangre de las anteriores víctimas, el sufrimiento y la pena habían dejado marcas invisibles en toda la habitación; la muerte se podía sentir en los huesos y en la piel. Cadenas e instrumentos de acero brillaban colgados de las paredes y el techo para recordarnos que el dolor era lo único que estaba cerca de la realidad allí dentro. No se veían puertas y ventanas en ninguna de las cuatro paredes de la habitación que no media más de dos metros por dos metros.
Completamente desnudos, sudorosos y enfrentados el uno con el otro, mi compañero de celda y yo nos encontrabamos. Nuestras caras de agotamiento producto de dias de estar colgados con esos grilletes del techo, denotaban nuestro espíritu quebrantado por la tortura y la asquerosidad del lugar. Todo era nauseabundo por demás de lo descriptible. Hacía días que no probabamos bocado, y sumado al olor del lugar había producido nuestro propio vómito varias veces.
No estaba seguro de cuanto tiempo llevabamos allí, pero se sentía eterno; cada vez que estaba por quedarme dormído, sentía una fuerte punzada en la espalda seguida de charcos de sangre y horror emanando de mi cuerpo impidiendole a mi mente dejar ese lugar aunque fuera unos minutos.
Temía cada segundo. La habitación sellada, las puñaladas en la espalda, el horror del lugar y la pestilencia, no me dejaban reconocer el lugar como real; debía ser un sueño, una alucinación o un mal viaje... No podía ser real... ¿Verdad?...
Mi compañero y yo no habíamos pronunciado una palabra en todo ese tiempo que compartimos en la habitación, no porque no quisieramos (o por lo menos yo), sentíamos que no podíamos pronunciar palabra aunque lo intentaramos.
De pronto una persona con capucha apareció en la habitación. Sin humo, sin efectos especiales ni luces, sólo apareció. Hice un esfuerzo sobrehumano por levantar mi cabeza demacrada por la falta de sueño y comida, sin mencionar el dolor y las náuseas. La figura habló:
-¿Sabes por qué estás aquí?
No pude decir nada, porque al instante de que terminara de hablar la figura encapuchada, la sala se llenó de luz roja y se hizo más pequeña. Mi compañero y yo estabamos a menos de un centímetro de distancia, y solo en ese momento noté que siempre estuve sólo en aquella inmunda situación, mi compañero no era otra cosa que mi reflejo lacerado y torturado, y que la figura no estaba realmente enfrente mío, sino que a mis espaldas.
Intenté dar un grito, pero se ahogó en mi garganta cuando los grilletes me soltaron y empecé a caer. Caía a una velocidad increíble, la adrenalina fluía sin parar por mi cuerpo y yo estaba muriendo de miedo. Mi estómago y mi corazón querían salir por mi boca, y por un momento casi lo hacen cuando por fín toqué fondo en un mar de basura, huesos y mierda. El ardor en mi esófago, producido por el vómito que largué fue horrible.
Llegúe a una horilla lodosa con mi más terrible esfuerzo y me tendí de espaldas al suelo. Las heridas de mi espalda supuraban pus debido a las infecciones que toda esta experiencia me había producido. Deseaba morir más que otra cosa.
-Oh, pero lejos estás de ello, mi querido Lucifer-
-Padre, ¡¿realmente merezco este castigo?!- Grité con los ojos llenos de lágrimas y de dolor a la figura encapuchada.
-No, hijo mío... Éste fue sólo el comienzo...- concluyó el Padre antes de desvanecerse en la oscuridad.
-Lauty
Completamente desnudos, sudorosos y enfrentados el uno con el otro, mi compañero de celda y yo nos encontrabamos. Nuestras caras de agotamiento producto de dias de estar colgados con esos grilletes del techo, denotaban nuestro espíritu quebrantado por la tortura y la asquerosidad del lugar. Todo era nauseabundo por demás de lo descriptible. Hacía días que no probabamos bocado, y sumado al olor del lugar había producido nuestro propio vómito varias veces.
No estaba seguro de cuanto tiempo llevabamos allí, pero se sentía eterno; cada vez que estaba por quedarme dormído, sentía una fuerte punzada en la espalda seguida de charcos de sangre y horror emanando de mi cuerpo impidiendole a mi mente dejar ese lugar aunque fuera unos minutos.
Temía cada segundo. La habitación sellada, las puñaladas en la espalda, el horror del lugar y la pestilencia, no me dejaban reconocer el lugar como real; debía ser un sueño, una alucinación o un mal viaje... No podía ser real... ¿Verdad?...
Mi compañero y yo no habíamos pronunciado una palabra en todo ese tiempo que compartimos en la habitación, no porque no quisieramos (o por lo menos yo), sentíamos que no podíamos pronunciar palabra aunque lo intentaramos.
De pronto una persona con capucha apareció en la habitación. Sin humo, sin efectos especiales ni luces, sólo apareció. Hice un esfuerzo sobrehumano por levantar mi cabeza demacrada por la falta de sueño y comida, sin mencionar el dolor y las náuseas. La figura habló:
-¿Sabes por qué estás aquí?
No pude decir nada, porque al instante de que terminara de hablar la figura encapuchada, la sala se llenó de luz roja y se hizo más pequeña. Mi compañero y yo estabamos a menos de un centímetro de distancia, y solo en ese momento noté que siempre estuve sólo en aquella inmunda situación, mi compañero no era otra cosa que mi reflejo lacerado y torturado, y que la figura no estaba realmente enfrente mío, sino que a mis espaldas.
Intenté dar un grito, pero se ahogó en mi garganta cuando los grilletes me soltaron y empecé a caer. Caía a una velocidad increíble, la adrenalina fluía sin parar por mi cuerpo y yo estaba muriendo de miedo. Mi estómago y mi corazón querían salir por mi boca, y por un momento casi lo hacen cuando por fín toqué fondo en un mar de basura, huesos y mierda. El ardor en mi esófago, producido por el vómito que largué fue horrible.
Llegúe a una horilla lodosa con mi más terrible esfuerzo y me tendí de espaldas al suelo. Las heridas de mi espalda supuraban pus debido a las infecciones que toda esta experiencia me había producido. Deseaba morir más que otra cosa.
-Oh, pero lejos estás de ello, mi querido Lucifer-
-Padre, ¡¿realmente merezco este castigo?!- Grité con los ojos llenos de lágrimas y de dolor a la figura encapuchada.
-No, hijo mío... Éste fue sólo el comienzo...- concluyó el Padre antes de desvanecerse en la oscuridad.
-Lauty
martes, 21 de abril de 2015
Shallowmoss
Era tarde en la noche, la luna se alzaba con su luz tenue sobre los
grandes torreones del castillo de Shallowmoss. Los salones y las
habitaciones llevaban ya varios años vacíos y polvorientos. La oscuridad
era tal, que daba la impresión de que ni encendiendo el fogón más
grande posible alcanzaría para aclarar el panorama; parecía como si
nunca hubiera sido de día en aquel lugar y nunca hubiera sido habitado
por nadie. No había ni un rastro de vida en todo el lugar, ni siquiera
un ratón solitario en busca de algo que roer o una tela de araña
esperando con paciencia a su presa. Sólo polvo y oscuridad.
Un joven historiador estaba recopilando información sobre castillos del siglo XV, sobre sus fundaciones, arquitectura, y demás. El castillo de Shallowmoss, era una parada que no podía obviar. Para cuando llegó al pueblo, era ya bastante entrada la noche, y el aventurero decidió que sería interesante pasar la noche en el castillo abandonado. No olvidemos que era joven, insensato y algo escéptico.
Al atravesar las grandes puertas de madera talladas con símbolos de la casa de la familia noble que había habitado el lugar hace siglos, el historiador se encontró con una ante sala decorada con una gran alfombra y unas armaduras que montaban guardia a ambos lados de la puerta que tenía en frente. A su derecha había unas escaleras que descendían hacia (lo que él creyó que sería) el calabozo o las mazmorras. Empujó con esfuerzo la pesada puerta doble custodiada por las armaduras vacías y vio un comedor bastante amplio, con una larga mesa de madera muy sólida y pesadas sillas seremonialmente puestas en torno a la misma. Estandartes y porta antorchas estaban colgados de las paredes, y, en la de su izquierda había una serie de puertas más pequeñas que las que ya había encontrado. Cerró la puerta por la que había entrado y decidió explorarlas. Cada una daba a una habitación que constaba de una cama simple con dosel y una bañera, no eran muy amplias, pero bastante cómodas para pasar la noche. El joven decidió recostarse en una de ellas a descansar. Después del largo viaje hasta ese lugar, estaba exhausto y se durmió casi de inmediato.
No debieron de haber pasado más de dos horas antes de que el historiador despertará sobresaltado por un ruido que sonaba del otro lado de la puerta de su habitación. Sonaba frío y metálico como cadenas arrastrándose por el suelo y pasos ligeros a su vez. Una gota de sudor cayó por su frente y la sintió extrañamente fría. La temperatura había bajado unos siete grados como mínimo, estaba tiritando de frío. Pasaron unos segundos hasta que el sonido se apagó y se escuchó un portazo por fuera de la habitación. Aparentemente no se encontraba tan sólo como creía. Decidió salir sigilosamente de la habitación para investigar de que se trataba. Haciendo el menor ruido posible abrió la puerta y se escabulló por la abertura descalzo. Notó que la puerta doble del gran comedor estaba abierta de par en par. Veloz como un gato, atravesó el alto umbral y vio un resplandor proveniente de las escaleras que bajaban. Aunque todo en su corazón le decía que abandonara de inmediato ese lugar, su mente curiosa quería arrancar de sí la duda que la estaba sofocando, y terminó descendiendo.
Bajando un escalón a la vez, pudo ver que la escalera terminaba en un pasillo que se extendía hasta donde llegaba a ver el ojo. A diferencia de todo el resto del castillo, en esta parte, las antorchas que colgaban de las paredes estaban prendidas, las paredes de piedra sólida, estaban cubiertas de musgo, producto de la humedad que se sentía en el ambiente. Al caminar a lo largo del pasillo, luego de unos minutos, logró ver el final del mismo, una pared de piedra como el resto del corredor pero con una puerta trampa de madera en el piso con un extraño símbolo grabado en ella.
El frío era más fuerte que en ninguna otra parte del castillo, se preguntó si alguna vez había sentido tanto frío en su vida. El silencio era tan desagradable que el solo hecho de estar quieto le resultaba incómodo, dio un paso adelante y antes de que su pie tocara el suelo nuevamente se detuvo en seco con el corazón en la garganta; un ruido desgarrador proveniente de la puerta trampa había penetrado en su cabeza y casi entra en un colapso nervioso. Sonaba como si alguien gritara, como si algo gritara, de algún modo le hizo recordar al crujir de la tierra cuando hay un desprendimiento en una montaña, pero más triste y dolorido. El corazón le latía tan fuerte que sentía que le iba a explotar en el pecho, el frío del lugar chocaba violentamente contra su cabeza caliente y le impedía pensar, su mente estaba en blanco, el pánico lo invadió. Ahora que ya estaba allí no había marcha atrás, casi se sintió obligado a abrir la puerta trampa y descender a la oscura habitación subterránea. Y así lo hizo.
Lo que vio hizo que su mente terminara de quebrarse y su alma quisiera salir desesperadamente de su cuerpo.
La habitación era pequeña y con paredes de piedra, era fría como la muerte misma y estaba enteramente iluminada por velas rojas formando un círculo. En las paredes, runas terroríficas yacían pintadas en rojo carmesí. Dentro del círculo de velas rojas había un círculo más pequeño formado por una única cadena que brillaba con el tenue resplandor de las mismas. Pero lo que realmente hizo al hombre perder la cordura fue lo que vio en el medio de la sala.
Una figura de piedra con cuerpo de gorila, alas de murciélago gigantes y cuernos de carnero lo miraba con un dolor tal que lo hizo sentir fatal... o es una forma de decirlo. Sus cuencas estaban vacías, pero no se veía el fondo de las mismas, sino que realmente se podía ver el vacío en ellas.
De repente volvió en sí al sentir el helado toque de una mano huesuda casi sin carne, que lo tomaba por detrás y le tapaba la boca, mientras sentía el frío filo de un cuchillo penetrar el espacio entre sus costillas derechas. El susto y el dolor, hicieron que cayera al piso sin fuerzas de espalda para observar la cara de su atacante: el sujeto que lo observaba de pie era un hombre anciano, sin carne en su cuerpo y apenas unos pocos pelos que le colgaban de la cabeza; su piel blanca parecía una manta pegada a sus huesos y su sonrisa perversa fue perturbadora. Vestía una túnica del mismo color gris piedra que la gárgola que estaba ahora a sus espaldas, y una cadena colgaba de su cuello y se arrastraba por el piso.
Sin decir una palabra, guardó su cuchillo dentro de la túnica, y el historiador pudo ver como se acercaba hacia una de las velas y la soplaba. Esto no apagó una vela, sino todas a la vez, la oscuridad reinó en la sala y una vez más se holló el grito de dolor de la gárgola, esta vez, más carca y más terrible que antes. Lo siguiente que sintió fue terrible, porque no lo pudo prever: las puntiagudas garras de la gárgola penetraron su estómago con violencia y saña, desprendiendo la carne de su abdomen, arrancándola, rasgándola. El dolor y el calor en su parte media era indescriptible, podía sentir literalmente sus tripas saliendo de si mismo y repartidas por toda la habitación. Aunque no podía ver nada, sabía que su sangre estaba saliendo a chorros por sus heridas, y lo único que se oía además de sus gritos en la habitación era la risa a carcajadas del viejo de la túnica.
-Lauty
Un joven historiador estaba recopilando información sobre castillos del siglo XV, sobre sus fundaciones, arquitectura, y demás. El castillo de Shallowmoss, era una parada que no podía obviar. Para cuando llegó al pueblo, era ya bastante entrada la noche, y el aventurero decidió que sería interesante pasar la noche en el castillo abandonado. No olvidemos que era joven, insensato y algo escéptico.
Al atravesar las grandes puertas de madera talladas con símbolos de la casa de la familia noble que había habitado el lugar hace siglos, el historiador se encontró con una ante sala decorada con una gran alfombra y unas armaduras que montaban guardia a ambos lados de la puerta que tenía en frente. A su derecha había unas escaleras que descendían hacia (lo que él creyó que sería) el calabozo o las mazmorras. Empujó con esfuerzo la pesada puerta doble custodiada por las armaduras vacías y vio un comedor bastante amplio, con una larga mesa de madera muy sólida y pesadas sillas seremonialmente puestas en torno a la misma. Estandartes y porta antorchas estaban colgados de las paredes, y, en la de su izquierda había una serie de puertas más pequeñas que las que ya había encontrado. Cerró la puerta por la que había entrado y decidió explorarlas. Cada una daba a una habitación que constaba de una cama simple con dosel y una bañera, no eran muy amplias, pero bastante cómodas para pasar la noche. El joven decidió recostarse en una de ellas a descansar. Después del largo viaje hasta ese lugar, estaba exhausto y se durmió casi de inmediato.
No debieron de haber pasado más de dos horas antes de que el historiador despertará sobresaltado por un ruido que sonaba del otro lado de la puerta de su habitación. Sonaba frío y metálico como cadenas arrastrándose por el suelo y pasos ligeros a su vez. Una gota de sudor cayó por su frente y la sintió extrañamente fría. La temperatura había bajado unos siete grados como mínimo, estaba tiritando de frío. Pasaron unos segundos hasta que el sonido se apagó y se escuchó un portazo por fuera de la habitación. Aparentemente no se encontraba tan sólo como creía. Decidió salir sigilosamente de la habitación para investigar de que se trataba. Haciendo el menor ruido posible abrió la puerta y se escabulló por la abertura descalzo. Notó que la puerta doble del gran comedor estaba abierta de par en par. Veloz como un gato, atravesó el alto umbral y vio un resplandor proveniente de las escaleras que bajaban. Aunque todo en su corazón le decía que abandonara de inmediato ese lugar, su mente curiosa quería arrancar de sí la duda que la estaba sofocando, y terminó descendiendo.
Bajando un escalón a la vez, pudo ver que la escalera terminaba en un pasillo que se extendía hasta donde llegaba a ver el ojo. A diferencia de todo el resto del castillo, en esta parte, las antorchas que colgaban de las paredes estaban prendidas, las paredes de piedra sólida, estaban cubiertas de musgo, producto de la humedad que se sentía en el ambiente. Al caminar a lo largo del pasillo, luego de unos minutos, logró ver el final del mismo, una pared de piedra como el resto del corredor pero con una puerta trampa de madera en el piso con un extraño símbolo grabado en ella.
El frío era más fuerte que en ninguna otra parte del castillo, se preguntó si alguna vez había sentido tanto frío en su vida. El silencio era tan desagradable que el solo hecho de estar quieto le resultaba incómodo, dio un paso adelante y antes de que su pie tocara el suelo nuevamente se detuvo en seco con el corazón en la garganta; un ruido desgarrador proveniente de la puerta trampa había penetrado en su cabeza y casi entra en un colapso nervioso. Sonaba como si alguien gritara, como si algo gritara, de algún modo le hizo recordar al crujir de la tierra cuando hay un desprendimiento en una montaña, pero más triste y dolorido. El corazón le latía tan fuerte que sentía que le iba a explotar en el pecho, el frío del lugar chocaba violentamente contra su cabeza caliente y le impedía pensar, su mente estaba en blanco, el pánico lo invadió. Ahora que ya estaba allí no había marcha atrás, casi se sintió obligado a abrir la puerta trampa y descender a la oscura habitación subterránea. Y así lo hizo.
Lo que vio hizo que su mente terminara de quebrarse y su alma quisiera salir desesperadamente de su cuerpo.
La habitación era pequeña y con paredes de piedra, era fría como la muerte misma y estaba enteramente iluminada por velas rojas formando un círculo. En las paredes, runas terroríficas yacían pintadas en rojo carmesí. Dentro del círculo de velas rojas había un círculo más pequeño formado por una única cadena que brillaba con el tenue resplandor de las mismas. Pero lo que realmente hizo al hombre perder la cordura fue lo que vio en el medio de la sala.
Una figura de piedra con cuerpo de gorila, alas de murciélago gigantes y cuernos de carnero lo miraba con un dolor tal que lo hizo sentir fatal... o es una forma de decirlo. Sus cuencas estaban vacías, pero no se veía el fondo de las mismas, sino que realmente se podía ver el vacío en ellas.
De repente volvió en sí al sentir el helado toque de una mano huesuda casi sin carne, que lo tomaba por detrás y le tapaba la boca, mientras sentía el frío filo de un cuchillo penetrar el espacio entre sus costillas derechas. El susto y el dolor, hicieron que cayera al piso sin fuerzas de espalda para observar la cara de su atacante: el sujeto que lo observaba de pie era un hombre anciano, sin carne en su cuerpo y apenas unos pocos pelos que le colgaban de la cabeza; su piel blanca parecía una manta pegada a sus huesos y su sonrisa perversa fue perturbadora. Vestía una túnica del mismo color gris piedra que la gárgola que estaba ahora a sus espaldas, y una cadena colgaba de su cuello y se arrastraba por el piso.
Sin decir una palabra, guardó su cuchillo dentro de la túnica, y el historiador pudo ver como se acercaba hacia una de las velas y la soplaba. Esto no apagó una vela, sino todas a la vez, la oscuridad reinó en la sala y una vez más se holló el grito de dolor de la gárgola, esta vez, más carca y más terrible que antes. Lo siguiente que sintió fue terrible, porque no lo pudo prever: las puntiagudas garras de la gárgola penetraron su estómago con violencia y saña, desprendiendo la carne de su abdomen, arrancándola, rasgándola. El dolor y el calor en su parte media era indescriptible, podía sentir literalmente sus tripas saliendo de si mismo y repartidas por toda la habitación. Aunque no podía ver nada, sabía que su sangre estaba saliendo a chorros por sus heridas, y lo único que se oía además de sus gritos en la habitación era la risa a carcajadas del viejo de la túnica.
-Lauty
sábado, 18 de abril de 2015
Lo que tengo
Lo que tengo es lo que me dejaron los que vinieron y pasaron; los que vinieron y se quedaron y los que no vinieron también.
Lo que tengo es perfecto porque yo lo recuerdo perfecto, porque no tuvo tiempo de no serlo, porque es distante en el cosmos y en la memoria, porque fue efímero en su momento, pero eterno en el mío.
Desgraciado aquel que juzga lo que tengo sin saber como lo conseguí ni lo que significa para mí.
Extraño lo que tuvimos, pero si lo tuviera de vuelta dejaría de ser perfecto, ya que es perfecto por ser como es, nada más, nada menos.
Ya no se si el tiempo premiara mi paciencia, o si mi momento ya paso y no lo supe aprovechar, de cualquier modo algo tengo, podrá ser poco, pero es mío y es por mí.
Si leyeras ésto pensarías que escribo boludeces, o quizás no, ya no lo se. Ya no te conozco. Los años se llevaron todo lo que fui, es normal pensar que a vos te trataron igual.
Lo que tengo son recuerdos de luces fugaces y brillantes en un firmamento negro azabache con resacas de nubes esforzandose por seguir a flote. Lo que tengo son recuerdos de lo que tuve, y como tales son hermosos porque ya no te tengo, si hoy te tuviera de nuevo, dejaría de tenerlos.
Te prefiero físicamente lejos, pero cálida en mi mente...
-Lauty
lunes, 6 de abril de 2015
Nieve de Halloween
Este cuento lo escribí cuando tenía 16 años, hace ya cuatro años de esa tarea de lengua que me mandó la profesora Femminini a escribir, yo era el único en el aula que estaba contento por tener que escribir un cuento corto. Pasaron los años y el papel original donde lo escribí se perdió en la basura, pero lo recuerdo más o menos así:
"Era una fría noche de Octubre, mis dos infantes compañeras estaban listos para pasar la noche tocando timbres de casa en casa en busca del dulce tesoro que se les prometió. Una vez que estuvimos listos, salimos a la calle a empezar nuestra colecta, para nuestra sorpresa, las calles estaban absolutamente vacía; no había ni un sólo adulto o niño disfrazado (o no disfrazado) por ningún lado.
Las luces de los edificios y casas del barrio estaban prendidas en su mayoría, pero nadie respondía a nuestros llamados, empezamos a desesperar, puesto que tampoco podíamos encontrar el camino de vuelta a casa, y entonces fue cuando realmente comenzamos a asustarnos: un temblor sacudió fuertemente la ciudad, los edificios bamboleaban como espigas de trigo y nosotros caímos al suelo. Duró unos 3 segundos y luego, empezó a nevar... buscamos refugio bajo el techo de un negocio, pero la nieve no duró más de unos minutos. Una vez más, el piso empezó a temblar, las chicas entraron en pánico y salieron corriendo, yo les grité y les dije que no se alejaran, pero cuando empecé a perseguirlas el temblor paró y las perdí de vista al doblar la esquina. Comenzó a nevar una vez más. Completamente sólo y asustado corrí en linea recta por la calle en la que había perdido de vista a las niñas, gritando sus nombres. La nieve cesó unos minutos después de comenzada mi búsqueda, y fue cuando el clima se aclaró que pude ver lo que vi: la calle y los edificios terminaban en seco en lo que parecía un domo gigante de vidrio que envolvía la ciudad en su totalidad, desde el otro lado, una niña pequeña de un tamaño descomunal me veía a través del vidrio, su mano sacudió la ciudad. Comenzó a nevar otra vez."
No recuerdo, como ya dije, las palabras exactas de la historia y obviamente hay algunos agregados, pero lo que si recuerdo de memoria son la mayoría de las metáforas que usé, espero que les haya gustado mi pequeño primer cuento, desde ya, gracias por leer
-Lauty
"Era una fría noche de Octubre, mis dos infantes compañeras estaban listos para pasar la noche tocando timbres de casa en casa en busca del dulce tesoro que se les prometió. Una vez que estuvimos listos, salimos a la calle a empezar nuestra colecta, para nuestra sorpresa, las calles estaban absolutamente vacía; no había ni un sólo adulto o niño disfrazado (o no disfrazado) por ningún lado.
Las luces de los edificios y casas del barrio estaban prendidas en su mayoría, pero nadie respondía a nuestros llamados, empezamos a desesperar, puesto que tampoco podíamos encontrar el camino de vuelta a casa, y entonces fue cuando realmente comenzamos a asustarnos: un temblor sacudió fuertemente la ciudad, los edificios bamboleaban como espigas de trigo y nosotros caímos al suelo. Duró unos 3 segundos y luego, empezó a nevar... buscamos refugio bajo el techo de un negocio, pero la nieve no duró más de unos minutos. Una vez más, el piso empezó a temblar, las chicas entraron en pánico y salieron corriendo, yo les grité y les dije que no se alejaran, pero cuando empecé a perseguirlas el temblor paró y las perdí de vista al doblar la esquina. Comenzó a nevar una vez más. Completamente sólo y asustado corrí en linea recta por la calle en la que había perdido de vista a las niñas, gritando sus nombres. La nieve cesó unos minutos después de comenzada mi búsqueda, y fue cuando el clima se aclaró que pude ver lo que vi: la calle y los edificios terminaban en seco en lo que parecía un domo gigante de vidrio que envolvía la ciudad en su totalidad, desde el otro lado, una niña pequeña de un tamaño descomunal me veía a través del vidrio, su mano sacudió la ciudad. Comenzó a nevar otra vez."
No recuerdo, como ya dije, las palabras exactas de la historia y obviamente hay algunos agregados, pero lo que si recuerdo de memoria son la mayoría de las metáforas que usé, espero que les haya gustado mi pequeño primer cuento, desde ya, gracias por leer
-Lauty
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