domingo, 21 de junio de 2015

Mood

Hace mucho que no escribo, me estuvieron pasando muchas cosas, de cualquier modo la consistencia nunca fue lo mío. Después de varias semanas de llevar una actitud hacia la vida más relajada, sin tantos roces con la realidad, planteándome la metafísica del asunto de manera menos directa, me encontré a mi mismo más feliz, veía en la gente a mi alrededor la tristeza, el desespero y el stress y no lo entendía, traté de ayudarlos pero me ignoraban (nada raro, uno aprende a vivir en la oscuridad sin ningún problema cuando las luces de los reflectores nunca te apuntan y llega un momento que cuando te toca ser enfocado, lo evitas) y yo seguía con mi ánimo arriba. La última semana fue medio terrible, el piso se me sacudió desde varios frentes y si bien al principio mi resolución permanecía impoluta, los días venideros no fueron clementes y me quebré. Otra vez enojado, rencoroso y de mal humor. Hoy es el día del padre (felicidades a quienes son felices padres, hagan hijos felices que son los futuros padres) y mientras caminaba en silencio escuchando música hacia la parrilla donde celebramos dicha fecha me convencí a mi mismo de que no puedo dejar que el mundo condicione mi espiritualidad; la espiritualidad debe ser más fuerte que la realidad ya que ella es la que trasciende las barreras físicas y, al fin y al cabo, es la que marca el ritmo en nuestras mentes. Mi espiritualidad no es tan débil y la situación a mi alrededor está lejos de ser menos que apremiante, si me quiebro ahora, no tengo esperanza con lo que vendrá después, así que me levante y mi ánimo se levantó conmigo.
Que el ritmo de sus mentes sea armónico depende de su propia tranquilidad espiritual y vice versa.
Hay que apreciar la shamanística de las cosas.

-Lauty

No hay comentarios:

Publicar un comentario