lunes, 29 de junio de 2015

Mensajes

El mundo habla todo el tiempo. Es casi imposible conseguir un momento de silencio absoluto; todo está hablando siempre, las grandes ciudades son esa prima molesta que no se calla nunca, mostrándonos sus logros y su gran vanidad, con sus grandes rascacielos, monumentos y autos; un poco más en la periferia, nos encontramos con el campo, es ese sobrinito callado que habla poco hasta que se siente en confianza y te muestra su gran belleza, lo malo es que no toda la familia sabe apreciarlo y lo tratan mal por ser diferente, se pierden la belleza de sus verdes y sus azules, sus rojas y sus moradas flores, sus negros cielos nocturnos y su corazón calmo; si nos vamos todavía más allá del centro de la civilización, nos hablan los bosques, los desiertos, los páramos helados y las montañas, son  nuestros abuelos, nuestros ancestros y antecesores con su gran sabiduría que, debido a su avanzada edad, no siempre tomamos en consideración como deberíamos, nos cuentan historias sobre su paz y sus épocas de juventud, sus rebeldías y sus experiencias, es increíble lo que se puede aprender escuchando a nuestro mayor ancestro en la Tierra.
El rumor de sus ríos y el tambaleo de las hojas componen las poderosas palabras que el mundo tiene para decirnos, pero en nuestro apuro por progresar no nos detenemos a escuchar lo que tienen que decir los que saben, porque aún somos jóvenes y no comprendemos la sabiduría. Así como tiene mucho que enseñar, el mundo también se queja y grita de dolor al ver como lo ignoramos, porque es sabio y fuerte, pero su espíritu duele cuando ve que sus nietos lo ignoran y pasan por alto sus emociones, la caída de un árbol con su rechinar y el estrépito del impacto contra el piso, el crepitar de los bosques en llamas y los animales gritando, el burbujeo del petróleo en el mar, la podredumbre de los animales marinos muertos en la orilla y sus otros mil gritos de ayuda que sólo piden un poco de consideración y atención.
Todos somos una gran familia que poblamos el planeta juntos, la naturaleza merece el mismo respeto que las grandes ciudades y las personas, no tenemos que maltratarla y olvidarla ya que si no fuera por ella, no estaríamos acá.

-Lauty

domingo, 21 de junio de 2015

Mood

Hace mucho que no escribo, me estuvieron pasando muchas cosas, de cualquier modo la consistencia nunca fue lo mío. Después de varias semanas de llevar una actitud hacia la vida más relajada, sin tantos roces con la realidad, planteándome la metafísica del asunto de manera menos directa, me encontré a mi mismo más feliz, veía en la gente a mi alrededor la tristeza, el desespero y el stress y no lo entendía, traté de ayudarlos pero me ignoraban (nada raro, uno aprende a vivir en la oscuridad sin ningún problema cuando las luces de los reflectores nunca te apuntan y llega un momento que cuando te toca ser enfocado, lo evitas) y yo seguía con mi ánimo arriba. La última semana fue medio terrible, el piso se me sacudió desde varios frentes y si bien al principio mi resolución permanecía impoluta, los días venideros no fueron clementes y me quebré. Otra vez enojado, rencoroso y de mal humor. Hoy es el día del padre (felicidades a quienes son felices padres, hagan hijos felices que son los futuros padres) y mientras caminaba en silencio escuchando música hacia la parrilla donde celebramos dicha fecha me convencí a mi mismo de que no puedo dejar que el mundo condicione mi espiritualidad; la espiritualidad debe ser más fuerte que la realidad ya que ella es la que trasciende las barreras físicas y, al fin y al cabo, es la que marca el ritmo en nuestras mentes. Mi espiritualidad no es tan débil y la situación a mi alrededor está lejos de ser menos que apremiante, si me quiebro ahora, no tengo esperanza con lo que vendrá después, así que me levante y mi ánimo se levantó conmigo.
Que el ritmo de sus mentes sea armónico depende de su propia tranquilidad espiritual y vice versa.
Hay que apreciar la shamanística de las cosas.

-Lauty